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Níjar es un pueblo bello lleno de curiosidades y personalidad.
Sus alrededores abruptos fueron transformados con gran esfuerzo, en parajes de inigualable belleza,
como sus laderas escalonadas de paratas, vegas repletas de olivares, terrenos de frutales y almendros o
rebaños campando por sus doradas tierras.
Su calidad de vida se ha visto incrementada sin haber perdido su autenticidad en ningún momento.
Así, sus vegas, arquitectura morisca y popular, como sus tradiciones siguen intactas.
Las pinceladas moriscas y árabes están presentes en toda su fisonomía como en su plaza central,
la iglesia morisca (antigua mezquita), la plaza del mercado, sus fachadas y balcones cargados de flores,
así como una estructura urbanística que comulga a la perfección con sus paisajes naturales.
Una de sus características más propias y atractivo principal, es su industria textil que nos ofrece,
la bien conocida ya para muchos "jarapa", que proviene originariamente de la reelaboración de tejidos
con harapos ya usados, de ahí, su aspecto imprevisible y original.
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